miércoles, 28 de julio de 2010

Filosofía : texto 10 10

Selección de Lecturas para FILOSOFÍA – Grupos: 6 º

Bolilla 2 Ética: - “Generalidades - Texto 10/10

AA.VV. - “Manual de Ética”

1. EL PROBLEMA ÉTICO

a) Concepto de Ética

La Ética (del gr. Ethos: costumbre) o Moral (del lat. Mos: costumbre) puede definirse como el estudio de la conducta humana en relación al bien y al mal.

Esta definición, ampliamente aceptada, no precisa, empero, la noción de ética, respecto de la cual se pueden señalar dos posiciones bien dispares, aunque no equivalentes en importancia. Una, minoritaria, juzga que la Ética tiene por objeto el estudio de las costumbres en el pasado, es decir, de las acciones morales que han inspirado las distintas civilizaciones; se hallan en esta posición especialmente algunos pensadores de filiación positivista, para los cuales la Ética sería reductible a la Sociología. La otra, mayoritaria, considera a la Ética como una disciplina normativa, es decir, cuyo fin es dar normas para la acción, en función de lo bueno y de lo malo.

Resulta así la Ética una rama de la Filosofía práctica, destinada a orientar la conducta humana. Esto significa juzgar a la Ética una ciencia no del ser, sino del debe ser. Las disciplinas filosóficas estudiadas hasta ahora y casi todas las ciencias particulares son ciencias del ser, hablan en modo indicativo; la Ética, en cambio, es una ciencia del deber ser, y su modo es el imperativo. Esto otorga a la Ética un carácter muy especial.

El constituir una filosofía de la acción o práctica, no quita a la Ética su carácter de ciencia, porque sus normas emanan, o son consecuencia, de un previo estudio del bien como tal y de los actos humanos, lo cual la designa como tarea especulativa. Digamos, asimismo, que no faltan quienes le adjudican sólo este carácter.

b) El hecho moral

El hecho moral es muy peculiar; en él, el sujeto enfrenta a los objetos haciendo algo con ellos; en el acto cognoscitivo también se dice frecuentemente que el sujeto hace algo con los objetos y, en efecto, algo hace: los conoce. Pero, justamente porque los conoce, simplemente, más que el sujeto hacer algo con los objetos, son los objetos quienes hacen algo con el sujeto: lo determinan. En cambio, en el acto moral, el sujeto es el que busca imponerse, efectivamente, sobre los objetos. Es que el acto moral es acción y no contemplación, práctica y no teoría.

Pero no se agota allí la definición del hecho moral. Es acción, consiste en hacer algo con las cosas, pero no es cualquier acción ni cualquier hacer. Para constituir un hecho moral debe jugarse en él una cierta escala de valores, un determinado juicio de valores, debe establecerse de alguna manera una relación con el bien y el mal. Bien podría decirse que entonces toda acción humana constituye un hecho moral, que no habría actos moralmente neutros; no nos oponemos a ese parecer, todo lo contrario. Pero si insistimos en que el acto es moral en cuanto se dan esas valoraciones, porque todo hecho moral implica necesariamente un deber ser que constituye su esencia. Sin la noción de deber ser (y las que ésta supone: libertad, responsabilidad) no hay acto moral. Por ello, conviene señalarlo, el acto moral es propiamente humano.

c) Consideración histórica

La preocupación por el problema ético asoma en las primeras etapas del pensamiento griego, aún en tiempos habitualmente llamados prefilosóficos. Con Sócrates y Platón la ética se ubica en un primer plano de la consideración filosófica. Aristóteles, al igual que en tantas otras disciplinas, puede ser mencionado como el primer autor de una exposición sistemática, con su Ética a Nicómaco. En estoicos y epicúreos el tema moral es el fundamental, privilegio que se prolonga en Plotino y algunos neoplatónicos. La escolástica se interesa también en alto grado por el problema moral que tiene un papel decisivo en la teología cristiana.

Tras sufrir cierta postergación en algunos autores de los siglos XVI y XVII, la cuestión ética retoma toda su importancia en la filosofía de Kant y en su continuador Fichte. Se ve nuevamente postergada parcialmente en el siglo pasado, y recupera terreno otra vez en nuestra época con autores como Max Scheler, Hartmann, los existencialistas, y los neoescolásticos, entre otros.

2. LAS SOLUCIONES

Nos hallamos aquí ante una dificultad similar a la que referimos en ocasión de ordenar las diferentes soluciones al problema del conocimiento. Incluso la nomenclatura es discutible y de valor relativo. Kant (que pertenece al siglo XVIII) al enunciar su teoría ética –que llamó formal- calificó a todas las éticas prekantianas de materiales y, desde entonces, esta designación se ha generalizado. Pero tal nomenclatura puede inducir a error, 1º) porque los términos “formal” y “material” aplicados a la ética no presentan connotaciones unívocas, y 2º) porque bajo el rótulo común de “ética material” quedarías incluidas soluciones esencialmente distintas.

Las éticas designadas por Kant como materiales suelen denominarse también éticas de bienes y de fines, queriendo mencionar con ello que el acto moral –según los partidarios de esas concepciones- busca un fin (bien) distinto del acto mismo. Tampoco nos parece feliz tal denominación, no porque esas éticas no tiendan a bienes y fines, sino porque pensamos que una tal finalidad es común a todas las éticas, aún a la kantiana.

Para eludir, entonces, una nomenclatura que juzgamos confusa, no agruparemos las éticas prekantianas –como hace la mayoría de los autores- sino que cronológicamente iremos caracterizando las más importantes, bajo tres títulos: soluciones griegas, la ética teológica y el empirismo ético. Completaremos la exposición con la ética formal y las corrientes de nuestro siglo.

A) Soluciones griegas

Sin desconocer la importancia del pensamiento moral de Platón, nos limitaremos –dada la naturaleza de este trabajo- a las tres soluciones siguientes:

a) LA ÉTICA DE ARISTÓTELES

Como lo hemos señalado, Aristóteles es el primer gran sistematizador de la ética. Su doctrina se conoce –ajustadamente- con el nombre de eudemonismo racional, y puede sintetizarse como una búsqueda de la felicidad mediante el cumplimiento de actos ejecutados por la razón. (Eudaimonía es un término griego que significa dicha, felicidad.) Para ser feliz hay que ser virtuoso y la virtud consiste en cumplir con lo que nuestra razón nos indica, según un orden cósmico que la misma razón puede desentrañar.

El fin supremo es, para Aristóteles, la dicha o felicidad, entendiendo por tal un estado de placer o satisfacción más o menos duradero de nuestro espíritu; podríamos decir también que es el estado de nuestro ser que emana de un correcto ejercicio de las actividades que le son propias.

Aristóteles distingue entre virtudes morales y virtudes intelectuales. Las primeras pertenecen a las costumbres y están regidas por el término medio, es decir, por una actitud equidistante de dos vicios: así la liberalidad es un término medio entre la prodigalidad y la avaricia, por ej.: Hay, sin embargo, algunas virtudes morales que no están regidas por el término medio; el robo o el homicidio: por ej. Las virtudes intelectuales, pertenecen a la razón y son, por ej., la sabiduría, la prudencia.

El hecho que Aristóteles coloque la felicidad como fin último, pareciera indicar que no hay aquí noción de deber, de obligatoriedad. No haríamos tal acto porque debemos, sino porque si lo hacemos alcanzaremos la dicha.

Explícitamente declara: “Somos arrastrados a la felicidad por sí misma”. Y es que la felicidad “es aquello que, sin necesidad de otra cosa, hace apetecible la vida y libre de toda indigencia”; la felicidad es “autarkes (autosuficiente).1 Sin embargo, no puede dejar de advertirse que esa dicha es consecuencia de un previo obrar bien de acuerdo con la razón, detalle éste importante que aparta a Aristóteles de una posición hedonista o utilitarista, según veremos; pero, con todo, la obligatoriedad no tiene en Aristóteles toda la fuerza que alcanzará en teorías posteriores.

b) EL ESTOICISMO 2

La moral estoica es muy semejante a la aristotélica, sólo que los estoicos ponen el énfasis,


1 Estas citas corresponden a la obra moral más importante de Aristóteles, la Ética a Nicómaco. Además, escribió sobre estos temas la Gran 1

Moral, que es en gran parte un compendio del anterior. La Ética a Eudemo, que circula con su nombre, pertenece a su discípulo Eudemo.

2 El nombre estoicismo proviene del gr. stoa (pórtico), pues bajo un pórtico solían reunirse los pensadores que este nombre designa. Su

representante más significativo es Zenón de Citium (336.254 a. C.) entre los griegos y Séneca (siglo I a. C.), Marco Aurelio (siglo II d. C.) y

Epicteto (siglo I d. C.) entre los romanos

más que en la felicidad, en la virtud. La virtud es estimada como el bien y el fin supremos. Y ella consiste en vivir de acuerdo con la ley natural, que no es otra cosa que el orden cósmico tal como se mencionó en Aristóteles. Y esta ley natural u orden cósmico es conocido por obra de la razón: es un orden en sí mismo racional y por lo tanto perfectamente cognoscible. Y la práctica de la virtud tiene una recompensa: la felicidad.

Bien se advierte la similitud de esta doctrina con la del Estagirita. Son los mismos términos con el énfasis puesto en la virtud. A nuestro juicio, ambas doctrinas se corresponden en gran parte, pues ambas quieren decir lo mismo, aunque lo digan de manera un tanto diferente. Esa casi similitud corresponde, claro está, a lo esencial, pues los estoicos exponen otros puntos que no están en Aristóteles; el más importante es la afirmación de que la virtud debe ser querida por sí misma, que constituye, por lo demás, un antecedente de una de las características más significativas de la moral kantiana.

La moral estoica – y la vida de sus principales representantes – se caracterizan por una gran austeridad, recta conducta, ánimo firme y resignado ante el dolor y las adversidades y otras cualidades semejantes. De ahí que el término estoicismo haya quedado incorporado al lenguaje común designado una moral noble y elevada.

c) EL HEDONISMO

El hedonismo (del gr. hedoné: placer) es la moral defendida por Epicuro2, por lo que se le conoce también por epicureísmo. Ésta coloca como bien supremo el placer, y el mal se identifica con el dolor. El placer epicúreo –aclaramos porque no se puede eludir la comparación- se diferencia de la felicidad aristotélica en que es un estado más vivo y pasajero, pero no porque designe preferentemente el goce sensible.

A pesar del nombre, esta doctrina ética no constituye una solución excesivamente baja y bestial. Por el contrario, tanto se afana por alcanzar el placer y evitar el dolor, que termina por instaurar un modo de vida casi tan ascético como el estoico, aunque éste frecuentemente aparezca como su actitud contraria.

Epicuro clasifica los deseos de la manera siguiente: naturales y necesarios (satisfacer el hambre, la sed, el sueño), naturales no necesarios (comodidades, afectos de familia), y ni naturales ni necesarios (honores, riquezas). Y dice Epicuro: los primeros se pueden satisfacer con poco, a los segundos conviene no ceder, de los terceros hay que abstenerse en absoluto. Como vemos, nos hallamos ante una moral radicalmente austera.

B) La ética teológica

Ética teológica o trascendente es aquella concepción en la que Dios participa de alguna manera en la ley moral. Ya entre los griegos hallamos atisbos de moral teológica en Platón y Plotino, por ejemplo, pero sólo con el cristianismo esta doctrina alcanza su plenitud.

a) LA ÉTICA CRISTIANA

En San Agustín encontramos –claramente diseñada- una concepción teológica en la que Dios es principio y fin de la vida moral. Afirma el santo la existencia de una ley eterna, expresión moral del ser supremo con carácter de obligatoriedad para todos los hombres. “La ley eterna es la razón divina o la voluntad de Dios que ordena guardar el orden natural y prohibe alterarlo”. El orden cósmico de Aristóteles, la ley natural de los estoicos, perdura en San Agustín, pero sostenidos por la sanción divina.

Santo Tomás, por su parte, sin abandonar la constante inspiración de su maestro Aristóteles, reitera las ideas fundamentales de Agustín, que son, en suma, las traídas por la Revelación y los apóstoles, Tomás está de acuerdo con el filósofo griego en casi todo, separándose de él fundamentalmente en lo siguiente: las normas morales son absolutamente obligatorias porque son impuestas por Dios. La felicidad es una consecuencia de obrar bien, pero no debemos obrar bien primariamente para alcanzar la felicidad, sino para cumplir con el Creador y legislador del universo, Bien supremo en el que se fundan todos los bienes particulares. Hay premio y castigo en otra vida.

La moral cristiana no predica el simple frío cumplimiento de la ley divina, sino que coloca como principio motriz de la relación moral entre el hombre al amor o caridad, aspecto que la distingue absolutamente de las demás.

Señalemos que en esta doctrina es difícil separar lo que es producto de la pura reflexión de lo dado por la Revelación de la fe. No es que se confundan, pero si que se complementan indisolublemente. Al respecto dice

.

2 Epicuro: Filósofo griego (341-270 a. C.).

Maritain: “La ética o moral filosófica es evidentemente insuficiente para enseñarle todo lo que él (el hombre) debe saber para obrar bien: debe, pues ser completada y sobreelevada por las enseñanzas de la Revelación”.

Los neoescolásticos prolongan hasta nuestros días las ideas de los pensadores medievales.

b) OTRAS CONCEPCIONES TEOLÓGICAS

Las concepciones teológicas de la moral no se agotan con los pensadores conocidos formalmente como cristianos. Entre los que de alguna manera hacen de Dios un legislador y un juez y afirman la obligatoriedad de la ley moral se cuentan Descartes, Malebranche, Pascal, Berkeley, Leibniz y otros. Como síntesis, reproduciremos una expresión de Leibniz: “Y los que a él se someten (se refiere al mandamiento) por conocimiento de las perfecciones divinas, cuya consecuencia es el amor de Dios, no sólo se resignan como los filósofos paganos, sino que hasta están contentos de lo que Dios ordena, sabiendo que lo hace todo con el mejor fin”.

C) El empirismo ético

El empirismo ético tiene sus antecedentes griegos en los sofistas, los escépticos y también en el hedonismo. Básicamente niega la distinción entre el bien y el mal y reduce la conciencia moral a un producto de hábitos históricos-sociales. Entre los teóricos más importantes de esta posición se cuentan Hume, Stuart Mill, Spencer, Comte, para citar sólo autores ya conocidos por el lector.

a) LA MORAL DEL INTERÉS PERSONAL

Benthan1 formula una ética de inspiración epicúrea que puede encuadrarse dentro del empirismo. Es una buena acción la que ocasiona placer (acción útil) y es mala la que ocasiona inconvenientes. Es la llamada moral del interés personal, basada en una especie de aritmética de los placeres que no indica la mejor elección.

b) LA MORAL DE LA SIMPATÍA

Esta posición también puede encuadrarse dentro del empirismo. Es la sostenida por Adam Smith2 que propone la simpatía como principio de moralidad. Acto bueno es aquel que provoca simpatía y malo el que ocasiona antipatías.

c) EL UTILITARISMO

Si bien todas las éticas empiristas pueden ser llamadas utilitarias, estrictamente se da este nombre a la posición de Stuart Mill. Repite a Epicuro y Benthan; frente a éste exalta la calidad del placer más que la cantidad y pone el interés general sobre el particular o personal.

d) La ética formal

Llámase así a la concepción moral sostenida por Kant3. Puede ésta caracterizarse como sigue: frente a las teorías anteriores que Kant llama materiales porque tienden a bienes objetivos previamente elegidos como tales, esta ética es formal, porque se ciñe a la forma del acto prescindiendo de bienes externos; frente a aquellos que obedecen –según Kant- a un imperativo hipotético (hago tal cosa si alcanzo tal otra) ésta se distingue por sustentar un imperativo categórico, no condicionado a ningún fin distinto del acto mismo, es decir, del deber de cumplirlo: y frente a aquellas morales que hacen depender la norma ética de una voluntad exterior (heterónomas), ésta proclama la voluntad autónoma.

Hay que actuar, pues, por respecto a la ley, y esa ley la impone nuestra propia razón en su “uso práctico”. Y ¿qué dice esa ley? “Obra de tal modo que tu acto pueda ser elevado a juicio universal”; tal es la ley general que debe regir nuestra conducta.

Esta expresión de Kant debe tomarse en un sentido lógico, según lo que si lector ya ha estudiado sobre la clasificación de los juicios. El juicio individual “yo hago tal cosa” debe ser elevado al juicio universal “todos hacen tal cosa”. Kant pone como ejemplo el saber si es moral o no que yo me quede con un depósito que me has confiado; y concluye que no lo es porque si todos hicieran lo mismo no habría más depósitos.


1 Jeremy Benteen: Pensador inglés (1748-1832). Es autor de Deontolery or the Science of Merelity (1834), donde aparece por primera vez la palabra Deontology (del priego: deon: deber), con lo que algunos designan la ciencia de la normas morales o del deber, es decir, Ética.

2 Adam Smith: Moralista y economista escocés (1721-1790).

3 Su obra principal para este tema es Crítica de la razón práctica (1783).

A esta ley Kant agrega otra muy importante: “Obra de manera que la humanidad en ti y en otros jamás se convierta en puro medio, sino que sea un fin”.

Fácilmente se advierte que la ética kantiana es una consecuencia de su filosofía. Están presentes en ella su “apriorismo” y su formalismo, que se traducen en el imperativo categórico –cumplir con el deber por el deber mismo- y en la autonomía de la voluntad, es decir, en la libertad. Libertad y moral, para Kant, se implican mutuamente. La libertad es la esencia de la moral, y la moral es la que posibilita el conocimiento de la libertad, pues ésta sólo se alcanza sometiéndonos a la ley y cumpliendo don el deber.

La ética kantiana casi no ha tenido continuadores, pero su influencia ha sido considerable, especialmente en el campo del derecho. Entre las objeciones que se le han formulado, la más importante y compartida apunta a la esencia misma de su doctrina: el formalismo no es ni puede ser absoluto; ¿por qué está mal que no haya más depósitos? ¿por qué la humanidad debe ser un fin y no un medio? Este segundo interrogante parece no tener respuesta adecuada; al primero sólo se puede contestar utilitariamente: los depósitos son útiles; con lo que caeríamos en el utilitarismo de los empiristas.

E) Corrientes de nuestro siglo.

El problema ético está mereciendo preferente atención en nuestro tiempo. Los neoescolásticos renuevan y actualizan las ideas de Santo Tomás y de otros pensadores medievales, en tanto surgen concepciones nuevas.

a) LA ÉTICA DE LOS VALORES

La ética de los valores o ética axiológica es la expuesta por Scheler. (“Ética”). Ella se basa en el reconocimiento de una jerarquía objetiva de valores que debe respetarse.

Para Scheler los valores poseen una existencia objetiva y jerárquica independientemente del sujeto, el cual puede conocerlos mediante lo que hemos llamado intuición afectiva o emocional. Esta jerarquía axiológica es independiente de los bienes, en que los valores se encarnan; si elegimos entre dos bienes (un cuadro y un sándwich) realizamos una elección “a posteriori”, pero si elegimos entre dos valores (belleza y utilidad) efectuamos una elección “a priori”. Scheler sostiene, pues, una moral “a priori” como Kant, pero mientras la de éste es formal, la de Scheler es material, pues los valores son algo distinto de una pura ley lógica y tienen realidad más allá del sujeto; por ello lo moral de Scheler se llama ética material de los valores.

La teoría de Scheler constituye un enorme esfuerzo tendiente a reinstaurar los valores tradicionales con validez objetiva. De las críticas formuladas las más importantes son: es imposible la captación irracional de la escala jerárquica, y no hay jerarquía sin una fundamentación de la misma en un ser trascendente.

b) OTROS NOMBRES

Para terminar este panorama haremos la simple mención de otros nombres importantes en el campo de la ética. Hartmann es, quizá, junto con Scheler el teórico más significativo de los valores morales; sigue básicamente la ética scheleriana, e introduce algunas modificaciones. Dentro también de la axiología deben citarse los nombres de Le Senne y Lavelle, de fuerte influencia en la filosofía francesa actual. Otro nombre ineludible es el de Bergson.

El existencialismo en general otorga a la cuestión moral gran importancia. Esto sucede aún en el caso de Sastre que ha sostenido una amoralidad radical, actitud que parece haber rectificado.

En general, fácilmente puede advertirse que las diferentes concepciones éticas son consecuencia de las correspondientes gnoseológicas y metafísicas de cada autor o escuela, lo que no podría ser de otra manera.

2. EL INDIVIDUO Y LA PERSONA

He aquí dos vocablos que suelen utilizarse como sinónimo en el lenguaje común, pero que encierran sin embargo, una profunda diferencia en el orden de la filosofía. Individuo (del lat. individuus: indivisible) es todo aquello que en sí constituye una unidad y que, como tal, se distingue de lo demás. Son individuos un árbol, un banco, un átomo, un elefante, un hombre, un ángel, Dios. Persona (del gr. prosopon: cara, rostro) designa, en cambio a seres dotados de inteligencia, de voluntad y, por lo tanto, de autodeterminación, Entre las cosas creadas, sólo el hombre es persona.

La noción de persona se halla hoy muy elaborada, aunque en distintas direcciones. Podríamos distinguir una concepción sustancialista, que atribuye al hombre un alma racional distinta del cuerpo, y una concepción actualista que atribuye al hombre un espíritu, significando con ello no una sustancia, sino simplemente una capacidad de realizar actos intencionales tendientes a valores.

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